Una extraña visita
« Una mujer atraviesa el patio de San Dámaso del Vaticano vestida de sotana violeta, cinturón, alzacuello romano, cruz pectoral y anillo episcopal. Los cardenales la saludan, le abren puertas, la conducen a la oficina del Papa. Posará al lado de León XIV. Recibirá los honores debidos a un primado. Bendecirá a unos y otros, según la costumbre de los obispos. La imagen recorrerá las portadas, abrirá los informativos televisivos, se imprimirá en los manuales de historia ecuménica. Y la imagen dirá, sin palabras pero con una elocuencia extrema, esto : ante esta persona y ante el sucesor de Pedro, los signos sacramentales son intercambiables.
Esta equivalencia visual es falsa. Y lo es de una manera que importa, porque los signos sagrados no son adornos protocolarios. Son lo que san Agustín llamaba verba visibilia, palabras visibles : comunican una realidad teológica. […] Significan que quien los lleva ha recibido por imposición de manos en sucesión apostólica ininterrumpida el poder de orden, el carácter sacramental. […] Este poder es, en la fe católica, la única razón por la cual el obispo se viste como se viste y bendice como bendice. Cuando el signo se separa de su contenido, no permanece neutral : se vuelve activo en sentido contrario. Comunica que el contenido nunca importó realmente »[1].
« Este tipo de gestos no corresponde a un ecumenismo basado en la claridad doctrinal, sino que diluye los límites que la Iglesia misma ha definido con precisión »[2].
Así se expresa el sitio « Infovaticana », un sitio conservador fundado por el periodista español Gabriel Ariza[3]. Todos – al menos aquellos que aún han conservado la fe católica y la recta razón – convendrán en que sería difícil darle la razón. ¿Y qué más se podría decir ?
Los orígenes profundos del anglicanismo : un cisma complicado con una herejía
Esta mujer que recorrió los pasillos del Vaticano a finales de abril de 2026 no es otra que Sarah Mullaly, la Primada de la comunión anglicana, la arzobispa de Canterbury. Fue efectivamente recibida por el Papa León XIV en esa mañana del lunes 27 de abril de 2026. Pero hoy en día, sigue encabezando una pseudo-iglesia, que es en realidad una ruptura con la verdadera Iglesia, doble ruptura de un cisma y una herejía.
La comunión anglicana es en efecto resultado del cisma provocado en 1534 por el Rey de Inglaterra Enrique VIII Tudor, (1509–1547) con el Acta de Supremacía que es el principio mismo del rechazo de la jurisdicción del Papa, el obispo de Roma, sobre la Iglesia de Inglaterra. Peor aún : bajo el sucesor de Enrique VIII, el joven rey Eduardo VI (1547–1553), a instigación del arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, el reino de Inglaterra pasa a la herejía protestante. En 1549, Cranmer abolió la liturgia antigua y compuso el Book of common prayer o Prayer Book, equivalente del misal y breviario católico entre los protestantes de Inglaterra. Paralelamente, en 1550, aparece el nuevo Ordinal anglicano, con los ritos de ordenación a órdenes sagradas : este rito es el que León XIII declarará inválido en 1896. Finalmente, también en 1552, Cranmer publica una Confesión de fe en 42 artículos, esencialmente calvinista con puntos de doctrina luterana, zwingiana y católica.
Después de un breve regreso al catolicismo bajo el reinado de María Tudor (1553–1558), bajo el reinado de Isabel I (1558–1603), el reino de Inglaterra retorna definitivamente al cisma y la herejía. En 1559, la reina destituyó a los quince obispos del reino que habían rechazado jurar observar el Acta de Supremacía. Todos los obispados del reino quedaron vacantes. Era necesario crear una nueva jerarquía. El 1 de agosto de 1559, Mateo Parker fue elegido por el cabildo arzobispo de Canterbury ; su consagración tuvo lugar el 17 de diciembre de 1559. Siguió una gran persecución anticatólica durante la cual muchos católicos murieron mártires (entre ellos el jesuita san Edmundo Campion).
Ordenaciones inválidas y pseudo obispos
La consagración de Mateo Parker es la fuente de toda la jerarquía anglicana y fue declarada inválida por el Papa León XIII, en 1896.
Los Papas ya habían constantemente declarado esta invalidez, mucho antes de la declaración de León XIII, por ejemplo Julio III en 1554, y Pablo IV en 1555. Y hasta el siglo diecinueve, la Iglesia siempre exigió que se reordenara sin condición y como si el ordenando nunca hubiera recibido nada, a los ministros que habían recibido órdenes en la comunión anglicana, según el rito de Eduardo VI.
El acto solemne e infalible que sanciona definitivamente la invalidez de principio de las ordenaciones anglicanas es la Carta apostólica Apostolicae curae del 18 de septiembre de 1896[4]. El Papa León XIII explica en ella que el rito mismo de las ordenaciones establecido y utilizado por los anglicanos no es el verdadero rito de la Iglesia. Las ordenaciones conferidas según este rito son pues inválidas por tres razones : primero, por defecto de forma ; segundo, por defecto de intención, pues el ministro que usa este rito no puede tener la intención requerida que es hacer lo que hace la Iglesia, es decir, usar su rito ; tercero por defecto de ministro puesto que desde la consagración de Mateo Parker, ningún ministro de la comunión anglicana es realmente ni sacerdote ni obispo. Aunque algunos pseudo obispos anglicanos hayan podido, en el curso de los últimos dos siglos, pedir y obtener una ordenación válida de obispos cismáticos ortodoxos, sigue siendo cierto que las ordenaciones conferidas por estos ministros anglicanos han sido siempre inválidas por los dos primeros motivos indicados arriba.
León XIV acumula escándalos
Después del Jubileo ecuménico, después del viaje a Turquía y la recitación del Credo amputado del « Filioque » para no desagradar a los ortodoxos, el Papa León XIV aquí cae en el surrealismo. Esta venida de Sarah Mullaly excede efectivamente el alcance de una simple visita diplomática. Tenemos claramente aquí la visita de una « jefa » religiosa, recibida como tal por otro jefe religioso, la arzobispa de Canterbury y el obispo de Roma, dos jefes de Iglesias que se consideran hermanas. Ya en el Mensaje que le dirigió con ocasión de su entronización[5], el 20 de marzo pasado, el Papa expresó el reconocimiento oficial de la misión de la señora Sarah, invocando para ella, en varias ocasiones, al Espíritu Santo, y pidiendo para ella el Espíritu de Sabiduría. Al hacerlo, León XIV da la impresión de considerar la pseudo Iglesia anglicana como un instrumento de salvación, en la medida en que alienta a la señora Mullaly – que no es más obispa que santa Juana de Arco – en su misión.
Al autorizar también todo este protocolo, que no es solo un protocolo, como recuerda el sitio « Infovaticana », el Papa León XIV se pone en contradicción abierta con sus dos predecesores, León XIII quien declaró la invalidez de las ordenaciones anglicanas e igualmente Juan Pablo II quien, por la Carta apostólica Ordinatio sacerdotalis del 22 de mayo de 1994, condenó la posibilidad de ordenar mujeres a las funciones sagradas del sacerdocio[6].
El estado de necesidad
Los últimos escrúpulos que aún podrían hacer dudar a algunas conciencias, desde que el Superior General de la Fraternidad San Pío X anunció nuevas consagraciones episcopales para el 1 de julio próximo, deberían encontrar aquí razones para hacer pobre figura. Sin duda, la operación contemplada por la Fraternidad presenta cierta apariencia paradójica, puesto que se trata de consagrar obispos contra la voluntad del Papa. Pero ¿no es el paradoja más exorbitante, de parte del Papa León XIV, esta actitud que lleva la complacencia ecuménica más allá de sus límites ? ¿Qué crédito podría encontrar el Soberano Pontífice, después de esto, para excomulgar a quienes desean mantenerse fieles a la enseñanza de León XIII, declarando la invalidez de las ordenaciones anglicanas ? ¿O incluso la de Juan Pablo II declarando la imposibilidad de ordenar mujeres obispas ?…
¿Van las consagraciones del 1 de julio próximo a decidir a León XIV a demostrar un rigor y una severidad que no le hemos conocido hasta ahora ? Algunos ya lo profetizan[7]. Si lo hiciera, daría a la santa Iglesia de Dios, ya muy afligida por las consecuencias incesantes y cada vez peores del concilio Vaticano II, el escándalo sin nombre de una injusticia de lo más flagrante. Permaneciendo sordo hasta ahora a las gestiones realizadas por Don Davide Pagliarani para obtener de su parte una simple audiencia, el Papa recibe con todos los honores debidos a un arzobispo a la representante oficial del cisma anglicano, que fomenta el lobby LGBT, que se declara abierta a la posibilidad del aborto[8] y que ha recibido una ordenación inválida, perpetrada en desprecio del derecho divino.
Fuente : FSSPX Actualidades
Foto : Vatican Media
Notas al pie de página
https://infovaticana.com/fr/2026/04/25/polemique-benediction-de-sarah-mullally-au-vatican-avant-sa-reunion-avec-le-pape/ [↩]
Gabriel Ariza no está en olor de santidad en el Vaticano : https://benoit-et-moi.fr/archives/2018/actualite/vatican-vs-infovaticana.html[↩]
https://www.vatican.va/content/leo-xiii/la/apost_letters/documents/litterae-apostolicae-apostolicae-curae-13-septembris-1896.html [↩]
ttps://www.vatican.va/content/leo-xiv/fr/messages/pont-messages/2026/documents/20260320-arcivescovo-canterbury.html[↩]
http://www.belgicatho.be/archive/2025/10/04/une-femme-soutenant-l-avortement-et-la-cause-lgbt-nommee-nou-6565177.html
Sarah Mullally expresó sus opiniones pro-aborto en un Blog donde escribió en 2012 : « Diría que mi enfoque de esta cuestión es más pro-elección que pro-vida [sic], aunque se tratara de un continuo, me situaría en algún lugar entre pro-vida en cuanto a mi propia elección y pro-elección en cuanto a la de otros, si es que tiene sentido. »[↩]