La premisa es obligada, para definir de inmediato el asunto que aquí se trata. En los últimos días hemos sabido que, en los nueve años 2012-2020, compuestos exactamente por 3.288 días, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe abrió, por cada día que Dios envió a la tierra (absit iniuria verbis), dos procesos eclesiásticos penales por delitos sexuales cometidos por sacerdotes sobre víctimas menores de edad. Dos al día. En el mismo período el papa, entendido estrictamente como persona física (el señor Joseph Ratzinger para 2012 y el señor Jorge Mario Bergoglio para los ocho años siguientes), concedió al acusado una dispensatio ab oneribus (una suerte de «gracia» que extingue el proceso) cada tres días. Cada tres días un sacerdote pedófilo fue indultado. Uno cada tres días.

He aquí por qué no solo es lícito, sino obligatorio, tener siempre presente que la Iglesia católica está obsesionada con los abusos sexuales que ella misma comete. Un drama que domina su vida cada día, cada pensamiento en cada momento, a pesar de los esfuerzos de las jerarquías eclesiásticas por mostrarse despreocupadamente dedicadas a otras cosas. Aunque es verdad que con León XIV todo esfuerzo de disimulo está volviéndose vano: el papa de Chicago nos está acostumbrando a historias verdaderamente absurdas.

El increíble cortocircuito en el caso Rupnik (sábado 12 de septiembre solemne inauguración con bendición papal de los mosaicos de Aparecida en Brasil, sábado 26 de septiembre visita a Lourdes con los mosaicos del abusador serial cubiertos de acuerdo con el papa) palidece ante la increíble revelación de un abogado de Madrid, Javier Tebas, sobre cómo León XIV pudo salvar a su amigo Eleuterio Vásquez Gonzáles, llamado padre Lute, de gravísimas acusaciones de pedofilia.

Vista la complejidad de la vicisitud, conviene empezar por el principio, es decir, por el 8 de mayo de 2025, día en que Robert Prevost es elegido papa. Inmediatamente después de la fumata blanca comienzan a circular noticias sobre el caso de las tres hermanas Quispe que, en Chiclayo (Perú), en 2020 habían ido ante el entonces obispo Prevost a denunciar los abusos sexuales sufridos cuando eran niñas, a partir de los nueve años, por parte de padre Lute. A Prevost se le acusa de no haber hecho nada, en sustancia de haberlo encubierto.

VISITA A CASA DEL PAPA

En defensa de Prevost entra de inmediato en escena Jordi Bertomeu, catalán, funcionario de la sección disciplinaria del Dicasterio para la doctrina de la fe (Ddf). Vanity Fair España, en octubre de 2021, lo describe como «uno de los hombres clave del círculo de Francisco, probablemente uno de aquellos en quienes el papa más confía en el Vaticano, una especie de 007 encargado por el pontífice de investigar los casos más intrincados de abusos a menores por parte de sacerdotes y obispos». Jordi «007» Bertomeu es además tan amigo de Prevost que la mañana del 9 de mayo es uno de los primeros en ir a hablar con el papa recién elegido en su apartamento del palacio del Santo Oficio. Bertomeu se hace amigo de Prevost precisamente en Perú; juntos combaten el Sodalitium Christianae Vitae, movimiento apostólico fundado por el laico Luis Figari y disuelto por Francisco a comienzos de 2025 por abusos sexuales y violación de casi todos los mandamientos. Para Bertomeu, las acusaciones de encubrimiento del padre Lute son montajes de los hombres del Sodalicio que quieren vengarse de Prevost.

¿Aquella mañana, en el palacio del Santo Oficio, hablaron de la molesta papa caliente de padre Lute? Obviamente no lo sabemos, pero es un hecho que Bertomeu sale de casa de Prevost y se precipita a conceder dos entrevistas radiofónicas muy similares a dos emisoras catalanas, Radio Estel y Rac1. Dice a Radio Estel: «Creo que nadie puede decirlo con el conocimiento de causa con que puedo decirlo yo. Desde 2012 sigo los casos de abuso en América Latina, en particular los de Perú y, específicamente, los dos casos de Chiclayo que ahora se agitan con mayor intensidad. Ya no sé en qué lengua decirlo: ahora lo estoy diciendo en catalán y en estos días lo he dicho en varias otras lenguas. Es falso. Categóricamente falso. Prevost nunca ha encubierto ningún caso».

La vicisitud de las tres hermanas Quispe es muy controvertida. La mayor de las tres hermanas, Ana Maria, nunca ha renunciado a sus acusaciones contra Prevost, pero el papa y sus amigos piensan que está siendo instrumentalizada por el Sodalicio. Exactamente hace un año, en la biografía autorizada de Prevost, Ciudadano del mundo, publicada el 14 de septiembre de 2025 con ocasión de su septuagésimo cumpleaños, la autora Elise Ann Allen dedica nada menos que 25 páginas a las acusaciones de Ana Maria Quispe, y concluye así: «Contrariamente a lo que afirman otros testimonios citados en este libro, Ana María sostiene que, aunque la diócesis [es decir, Prevost, ndr] abrió el caso, no realizó una investigación, con la excusa de que “en la Iglesia no existe un modo de investigar”. Sin embargo, como ha confirmado el Vaticano, en Roma existe efectivamente un expediente, lo cual demostraría que se llevó a cabo una investigación. Quispe insiste en que en ese dossier existe solo “un folio”, lo que significaría, según ella, que no hubo una investigación adecuada». En suma, Allen no puede tachar a Quispe de mentirosa y, aun aludiendo a hipotéticas instrumentalizaciones, deja al lector algunas dudas sobre Prevost: «Al final, lo que queda claro es que no se trata de un caso de abuso como tantos otros, sino de uno en el que un esfuerzo genuino por ayudar a las víctimas chocó con muchos intereses particulares, personales e institucionales, con la elección del papa León XIV y, en medio de todo ello, tres mujeres quedaron desorientadas, sintiéndose utilizadas».

LA GRACIA PAPAL A PADRE LUTE

Como al clero le gusta «hacerlo raro», tras la tormenta de venenos que acompañó su elección Robert Prevost no ha escatimado a su público un nuevo giro de guion. En noviembre de 2025 concedió a padre Lute la dispensatio ab oneribus, o «gracia de la dispensa del estado clerical», una genialidad a la que incluso los teólogos más refinados se esfuerzan en dar sentido. Funciona así: si un sacerdote está bajo proceso por violencia sexual sobre menores ante el tribunal del Ddf, puede pedir al papa ser (aunque sea provisionalmente) reducido al estado laical. De este modo el proceso termina como si el acusado hubiera muerto; en efecto, donde ya no hay sacerdote ya no hay proceso eclesiástico. A las hermanas Quispe la noticia de que Lute había pedido la «gracia» les fue comunicada por la vía breve dos días después de la muerte de Bergoglio, tanto que dirigieron un ingenuo llamamiento al nuevo papa para que no concediera la llamada «gracia», que habría negado su derecho a la justicia. Prevost, seguramente tras amplio discernimiento, simplemente se desentendió de las tres niñas violadas y concedió la gracia a su viejo amigo padre Lute. A las hermanas Quispe la noticia les llegó en un papelito (algo arrugado, dicen) porque Prevost desde hace cinco años se niega a recibirlas: por norma este papa solo se reúne con las víctimas de abusos si han sido seleccionadas entre las más dóciles y más pastoreadas por los pastores locales. Las hermanas Quispe todavía no han sido pastoreadas.

[Nótese que, en la concepción del derecho italiano, la gracia sigue por definición a una condena, mientras que en la concepción de la Iglesia la gracia papal borra todo: culpas, pecados, documentos, procesos, penas, reparaciones y víctimas, que ni siquiera tienen derecho a ver las actas. En términos jurídicos, es el punto en que la figura del papa y la del marqués de Grillo coinciden].

He aquí, pues, la novedad clamorosa empaquetada para el septuagésimo primer cumpleaños del papa por Javier Tebas, el abogado de Madrid que representa a las hermanas Quispe.

Tebas ha escrito en Infovaticana - un sitio español que los buenos cristianos que rodean a Prevost difaman a diario como «difusor de patrañas, tonterías y fake news» porque la tiene tomada con el papa, lo cual quizá sea cierto, pero los hechos permanecen - que precisamente Bertomeu en 2021 escribió en Ius Canonicum, revista de derecho canónico de la Universidad de Navarra, un ensayo dedicado a la práctica de la dispensa de las obligaciones clericales (puede leerse aquí).

Bertomeu, en este ensayo, muestra que, en el complejo sistema de pensamiento de la Iglesia, la dispensa de las obligaciones clericales sirve exactamente para borrar los procesos por abusos sexuales sin dejar rastro alguno en los archivos del Ddf. Aborda el tema partiendo de que los abusos sexuales de los sacerdotes sobre menores son un fenómeno tan extendido que debe ser gestionado con estadística («el 70 por ciento de los menores abusados está constituido por adolescentes varones y el 20 por ciento por adolescentes mujeres») y que desborda las estructuras de la Iglesia: «La imposibilidad —y no la simple dificultad— para muchos Ordinarios de celebrar un proceso penal judicial conforme al canon 1721, a causa de la falta de recursos humanos y técnicos, era una circunstancia mucho más extendida de lo que algunos miembros de la Curia o estudiosos habrían querido reconocer». Advertencia: se habla de los abusos denunciados que desembocan en la apertura de un proceso eclesiástico, que son solo una pequeña parte de los casos reales. Parece plausible hipotetizar, sobre la base de los datos de Bertomeu, que cada día son abusados por sacerdotes católicos de cinco a diez menores. Cada día.

EL PODER ABSOLUTO DEL PAPA

Según Bertomeu, incluso si el truco de reducir al estado laical al abusador para borrar los procesos no tiene ninguna base legal, puede igualmente «ser considerado una praxis con valor normativo, en virtud de la aprobación específica del Romano Pontífice para cada dispensa concedida». Detrás de esta frase hay una realidad aterradora: a pesar de la proliferación de leyes, constituciones, códigos y cánones de toda índole, la única ley realmente vigente en la Iglesia es que el poder del papa es absoluto e ilimitado. Y por tanto esta praxis, admite Bertomeu, «no solo evita llegar a una declaración autorizada sobre la culpabilidad o no del reo, sino que comporta inevitablemente que la presunta víctima no pueda ver reparado el mal causado por su agresor». Pero se hace así porque el papa lo quiere: «praxis con valor normativo» significa que una cosa ilegal se vuelve legal si le gusta al papa.

Aquí está el pasaje más escalofriante. Bertomeu explica que las víctimas deben hacerse a la idea: su derecho a obtener justicia y reparación no es el único del que la Iglesia debe preocuparse. Vale la pena leer sus palabras exactas: «Los fieles pueden renunciar responsablemente a hacer valer un derecho personal cuando, en el caso concreto, salvaguarden así la comunión eclesial, pues esta, por obra del Espíritu, posee un carácter orgánico análogo al de un cuerpo vivo y operante. Ante la posibilidad de que un clérigo solicite la dispensatio ab oneribus, ¿debe prevalecer el derecho de la presunta víctima a obtener el reconocimiento de la culpabilidad del acusado (cfr. can. 1341) y, en consecuencia, a que no le sea concedida la dispensa, sino que se lleve a término el proceso en curso? ¿O debe prevalecer el derecho de la comunidad eclesial a apartar del ministerio pastoral a un ordenado que, durante la investigación preliminar o el proceso penal, se haya reconocido implícitamente incapaz de dispensar los misterios de Dios al servicio del pueblo de Dios?».

Quien no tiene una licenciatura en teología no dispone de las herramientas culturales para comprender por qué la Iglesia debe ser protegida del estado laical de los sacerdotes pedófilos antes del proceso y no también después, pero sigue siendo un hecho que gracias al «lodo Bertomeu» los sacerdotes pedófilos se salen con la suya y las víctimas son enviadas al diablo sin piedad en nombre del bien de la Iglesia que, como saben todos los buenos cristianos, es más importante que los derechos de un niño violado a los ocho años.

No sorprende, pues, que el abogado Tebas -ante estas obscenas argumentaciones del autoproclamado 007 anti-pedófilos- reaccione con tono encolerizado: las tres hermanas Quispe fueron abusadas respectivamente a la edad de nueve, once y trece años por padre Lute y León XIV decidió sustraerlo al proceso eclesiástico, y sin dar ninguna explicación a esas tres mujeres y a sus padres, que las habían confiado a la Iglesia.

Las cifras de la vergüenza las proporciona el propio Bertomeu. El funcionario del Ddf lo sabe todo y despliega en un ensayo académico datos que, si los pide un periodista en la sala de prensa vaticana, resultan cubiertos por el secreto más impenetrable. En cualquier caso, Tebas, leyendo Ius Canonicum, ha encontrado los datos: entre 2012 y 2020 se abrieron 6.236 expedientes en el Ddf, y 1.058 se cerraron con la concesión de una «dispensatio ab oneribus», el 17 por ciento del total de los casos, con una media anual de 117. Llama la atención la aceleración, que se consume durante el pontificado de Bergoglio: las dispensas pasaron de 79 en 2012 (último año de Ratzinger) a 179 en 2020, más del doble en ocho años. «Traducido: más de mil casos de abusos a menores llegados al tribunal supremo de la Iglesia se cerraron sin que nadie estableciera qué ocurrió, y el ritmo aumenta», explica Tebas.

LAS MENTIRAS DEL PAPA FRANCISCO

El 22 de septiembre de 2017 el papa Francisco proclamó solemnemente, ante las cámaras, la «tolerancia cero» para los sacerdotes pedófilos. He aquí sus palabras textuales: «¡Nunca la gracia para sacerdotes y religiosos condenados por pedofilia! Quien sea condenado por abusos sexuales a menores puede dirigirse al Papa para obtener la gracia, pero yo nunca he firmado una de estas y nunca la firmaré. Espero que quede claro». ¡Clarísimo! Solo ha firmado 979 en los años de 2013 a 2020, según los datos oficialmente proporcionados por su 007 anti-pedofilia. Quizá quería decir: «Nunca firmaré más de dos por semana», porque ese es el severo límite al que se ha atenido rigurosamente. Si hablásemos de un político lo definiríamos como mentiroso e impostor. Tratándose del papa, ya pensarán en ello los creyentes.

Acusa Tebas: «Detrás de esos mil expedientes hay, como mínimo, mil personas que denunciaron y no recibieron respuesta. Es probable que sean más de una por expediente. Miles de hombres y mujeres, en cualquier caso, a quienes el mismo sistema que los animó a denunciar les negó después la verdad y la reparación». Pero ¿cuántos procesos han sido vaporizados por la dispensa papal después de 2020? ¿Cuántos pedófilos fueron indultados por Bergoglio y por Prevost? Secreto pontificio, al menos hasta que Bertomeu escriba un nuevo ensayo académico con los datos actualizados. La única noticia pública es que León XIV ha indultado a padre Lute, el párroco de Chiclayo que él mismo habría debido llevar ante la acusación.

Y es aquí donde el diablo (que, como aseguraba Bergoglio, existe) mete la cola. Sale un libro apologético sobre Prevost y sus años en Perú, El pastor y los lobos de Santiago Roncagliolo que, quizá por distracción, deja caer un par de noticias interesantes sobre las relaciones entre Prevost y padre Lute. Es todavía Infovaticana quien lo señala: «Al narrar la relación entre el obispo Prevost y padre Lute -entonces el sacerdote más popular de la diócesis, promotor de la devoción del Niño del Milagro de Eten- Roncagliolo escribe: “Luchar juntos unió mucho al obispo y al padre. Padre Lute le informaba de todo lo que hacía. Y el obispo Prevost estaba orgulloso de sus éxitos. Lute ofreció cinco mil testimonios de personas sanadas, ayudadas o salvadas por el Niño del Milagro. Obtuvo veinte mil, que Prevost llevó al papa Francisco en 2019. Al mismo tiempo, Prevost contaba con la popularidad de Lute para evangelizar y crear vocaciones sacerdotales. Como papa, se llevaría a la Santa Sede, como secretario privado, a un discípulo de Lute, Edgard Rimaycuna”. El pasaje es doblemente relevante - comenta Infovaticana - primero, porque documenta una relación de estrecha confianza y colaboración entre Prevost y Lute -“padre Lute le informaba de todo lo que hacía”, “el obispo Prevost estaba orgulloso de sus éxitos”- en los años inmediatamente anteriores a las denuncias de las víctimas contra el sacerdote presentadas al propio Prevost en abril de 2022. Segundo, porque sitúa en esa órbita, como discípulo del acusado, a la persona que hoy comparte el día a día del Pontífice: su primer secretario personal».

¿EL PAPA PERDONA SOLO SI TIENE MIEDO?

Ante esta noticia reaccionó el periodista peruano Pedro Salinas, amigo y apologeta de Prevost, a quien está agradecido porque lo defendió de las agresiones del Sodalicio cuando denunciaba con sus artículos las fechorías de Figari y compañía. Salinas acusa a Infovaticana de cobardía porque «siempre, de manera sutil, dispara contra el papa León XIV, pero nunca frontalmente, siempre apunta a gente de su entorno». Luego desempolva un viejo caballo de batalla, cada vez más parecido a un autogol: ¿cómo se puede acusar a Prevost de proteger a un pedófilo si, como obispo, fue tan valiente al atacar al poderoso Sodalicio? Dice Salinas: «¿Qué están sugiriendo? ¿Que el papa Robert Prevost no investigó un caso de un curita abusador en Chiclayo y, en cambio, actuó contra el poderoso Sodalicio? Es decir, ¿ha tenido más miedo de Lute que del Sodalicio?».

Esta extraña manera de razonar excluye que el papa pueda ser severo con unos y clemente con otros cuando está la historia de Bergoglio para demostrar la capacidad de un buen papa de proteger a los amigos y golpear ferozmente, sin rastro alguno de piedad cristiana, a los enemigos.

Aún más extraña es la idea de que un hombre de Iglesia pueda ser débil o clemente solo por miedo. Bien, siguiendo el hilo de un razonamiento claramente construido para mantener el esqueletón de Prevost encerrado dentro del armario, deberíamos imaginar pues que Bergoglio protegió por todos los medios al abusador serial Marko Rupnik (algo ya demostrado) porque le tenía miedo. Interesante hipótesis esbozada por uno de los máximos expertos mundiales en abusos sexuales de sacerdotes. Amigo autorizado de León XIV.