No solo los zapatos rojos faltantes. También el escudo de Prevost retoma el de Bergoglio y señala su (auténtico) status canónico, es decir, el de antipapa. ¿Otro movimiento de la institución para separar el trigo de la cizaña?
Hay algunas ausencias importantes en la lista de las prerogativas pontificias concedidas a León XIV. Entre estas, el Apartamento Apostólico vaticano: Prevost fue de hecho enviado a la buhardilla, los llamados "sotabancos", no duerme ni reza en los ambientes del verdadero papa.
También los apartamentos de Castel Gandolfo (el prelado agustiniano siempre se ha alojado en la Villa Barberini, tradicionalmente destinada a residencia del Secretario de Estado), los tradicionales zapatos rojos papales y, decíamos, el escudo pontificio.
Para tener una comprensión exhaustiva de la cuestión, hay que recordar que la heráldica papal fue fuertemente innovada por Benedicto XVI: el pontífice bávaro, elegido en minoría de facto gracias a una maniobra de la Mafia de San Galo y, con toda probabilidad, consciente de que pronto o tarde tendría que retirarse en sede impedida, eliminó la tiara tradicional (que todos los pontífices hasta Juan Pablo II habían incluido en su escudo) de sus armas, reemplazándola con otro elemento que indicaba su oficio, es decir, el palio con cruces rojas,
como se muestra en la siguiente imagen.

Esta vestidura litúrgica es de hecho una prerogativa exclusiva pontificia e indica el mandato divino del sucesor de Pedro. Por lo tanto, en la heráldica papal la tiara (o precisamente el palio con cruces rojas) indica el munus petrino y las llaves están en cambio por el ministerium.
Tras la elección de Bergoglio, al antipapa argentino se le concedió en cambio un escudo que, si se analiza bien, revela una heterogeneidad absoluta respecto al de Benedicto XVI: había sí las llaves (que simbolizan el ministerium poseído abusivamente por Bergoglio), pero faltaban tanto la tiara como el palio con cruces rojas. Por lo tanto, no había signo alguno del munus petrino en el escudo del prelado sudamericano, sino solo símbolos del ministerium poseído irregularmente por él al haber ascendido al trono pontificio a consecuencia de un Cónclave irregular en origen porque fue convocado con papa impedido y no abdicante.
Un detalle adicional presente en la heráldica de Francisco revela en cambio cuál era su status canónico: bajo el escudo, de hecho, encontramos un cartucho que lleva el lema de obispo Miserando atque eligendo elegido por Bergoglio. Las armas papales, en realidad, nunca llevan un lema específico, puesto que el papa, como jefe supremo de la Iglesia católica, resume todas las idealidades expresadas por la Iglesia.
El escudo que Bergoglio utilizó entre 2013 y 2025 era pues el escudo de un obispo (ya que con el papado –o el antipapado– se pierde el status cardenalicio) fuera de la comunión con la Iglesia católica, puesto que los obispos de la Iglesia católica llevan en sus insignias el galero verde.
Además, las insignias del prelado sudamericano eran erróneas incluso desde un punto de vista gráfico: las caras del cartucho, blancas, una vez curvadas, deberían haber continuado del mismo color también bajo la parte con el lema, pero increíblemente el color cambia a rojo: hay por lo tanto una inversión ostensible de los colores que concurre a señalar cómo el status canónico del propietario del escudo sea irregular.
Con toda probabilidad, todos estos detalles fueron deliberadamente insertados por la Secretaría de Estado, la institución encargada de gobernar la Iglesia cuando la sede está impedida, con el propósito de ayudar a los fieles a desenmascarar la realidad canónica. La misma institución ha privado gradualmente, y cada vez más rápidamente a partir de 2020, a Bergoglio de aquellas prerogativas pontificias que le habían sido concedidas en un primer momento.
Hasta enterrarlo lejos de la Basílica vaticana (recuérdese que Bergoglio habría deseado reposar en el mismo nicho que fue de Juan XXIII y Juan Pablo II, ahora ocupado significativamente por Benedicto XVI) y sin insignia pontificia alguna: justamente, como un arzobispo.
Por su parte, el escudo de Prevost ha retomado todos los elementos externos que habían ornamentado el escudo de Bergoglio, ninguno excluido, como es evidente en la siguiente imagen comparativa.

Las dos armas son por lo tanto idénticas desde un punto de vista simbólico y señalan de manera cristalina la continuidad canónica entre los dos: Bergoglio era de hecho antipapa puesto que fue elegido por un Cónclave abusivo, convocado cuando Benedicto XVI no estaba ni muerto, ni había abdicado, sino que estaba más bien impedido. Prevost, por su parte, es en cambio antipapa puesto que fue elegido por un Cónclave al cual tomaron parte 108 falsos cardenales creados por el antipapa usurpador Bergoglio; añádase el número de 133 cardenales electores (13 más respecto al máximo de 120 permitidos por la Universi Dominici Gregis). Además, después del extra omnes, los dispositivos de seguridad vaticanos detectaron un teléfono celular encendido en el bolsillo de un cardenal. Cuarta causa de la irregularidad del Cónclave de 2025 (y por lo tanto de la elección de Prevost) fue la breve salida de un conclavista de la Capilla Sixtina antes del final del cuarto escrutinio, como fue referido a Cronache Maceratesi por el agustiniano P. Bruno Silvestrini.
En los escudos de Bergoglio y Prevost, por lo tanto, falta cualquier referencia al munus petrino, es decir, a la dignidad del oficio papal.
Un movimiento preparado probablemente una vez más por la Secretaría de Estado, llamada aún a desempeñar el cargo de regencia mientras la sede está impedida.
Es por lo tanto de la máxima urgencia difundir Urbi et orbi también el antipapado de Robert Francis Prevost, de modo de exhortar a los auténticos cardenales electores nombrados por Juan Pablo II y Benedicto XVI a declarar cómo el último papa auténtico ha fallecido y debe convocarse un Cónclave para elegir a su legítimo sucesor.
Davide De Vincentiis