Elarzobispo emérito de La Plata, en Argentina, ha dejado un artículo en el blog estadounidense Rorate Coeli. En él expresa su admiración por la renovación de la Tradición e reitera la tesis que afirma que el arzobispo Annibale Bugnini, figura central de las reformas litúrgicas post-Vaticano II, era francmasón.

Una juventud atraída por la Tradición y la misa tridentina

En un largo artículo publicado en el blog Rorate Coeli, elarzobispo emérito de La Plata, en Argentina, Hector Agüer expresa su admiración por una juventud atraída por la Tradición y la misa tridentina. Saluda esta «renovación de la tradición católica, sofocada en estos países por el liberalismo, el progresismo y el ateísmo», visible especialmente durante el «peregrinaje tradicional París-Chartres», señala.

A la lectura de su texto, se comprende que el arzobispo, que está ciertamente apegado al rito montineano, reconoce algunas reservas interesantes respecto a él, ya que coinciden, en parte, con las formuladas en la obra Breve examen crítico del nuevo Ordo Missae, de los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci, y por Mons. Lefebvre.

«Bajo el pontificado de Pablo VI (Giovanni Battista Montini), que sucedió al breve pontificado de Juan XXIII (que había convocado el concilio ecuménico), escribe Mons. Agüer, se instituyó una nueva misa. Algunas modificaciones hubieran podido aportarse a la «misa tradicional», como había sido el caso en el curso de sus siglos de existencia. Pero no; Vaticano II deseaba remodelar todo, y una nueva misa estaba destinada a nacer de su espíritu. Siempre válida, ciertamente; pero no sin ambigüedades dejadas a la apreciación de los celebrantes.»

El arzobispo Annibale Bugnini, francmasón reconocido por documentos incontestables

Y continúa reiterando la tesis que afirma que el arzobispo Annibale Bugnini, figura central de las reformas litúrgicas post-Vaticano II, era francmasón:

«El autor de la nueva misa era el arzobispo Annibale Bugnini, francmasón reconocido por documentos incontestables, aunque su pertenencia a la francmasonería permaneciera secreta, conforme a la naturaleza misma de esta orden.»

Una acusación semejante contra el arquitecto de la nueva Misa, Annibale Bugnini, no es nueva, pero viniendo de un obispo emérito de la Iglesia oficial, adquiere un alcance más vasto fuera de los únicos medios de la Tradición. Si es verdaderamente un Francmasón, es decir un clérigo ipso-facto excomulgado por pertenencia a una secta oculta, quien ha «inventado» el Ordo Missae de Pablo VI, ¿hay entonces que extrañarse de todas las ambigüedades que conlleva, de la pérdida de fe que produce, de las «misas» inconvenientes, indecentes, e incluso blasfematoria y sacrílegas, de las que es responsable en numerosas parroquias?

Colaborador excepcional del papa Pablo VI durante doce años, Bugnini fue brutalmente removido de sus funciones en 1975

Los rumores sobre la pertenencia de Annibale Bugnini a la Francmasonería fueron alimentados por su desgracia en 1975. Joseph Shaw, de la Latin Mass Society, recuerda en un artículo:

«Colaborador excepcional del papa Pablo VI durante doce años, fue brutalmente removido de sus funciones (a raíz de la fusión de dos departamentos de la Curia) y nombrado nuncio apostólico en Uruguay. Bugnini protestó, argumentando su falta de formación y experiencia diplomáticas, su desconocimiento del español y buscando desesperadamente comprender lo que había sucedido. El papa Pablo VI se negó a responder a sus mensajes y le propuso el cargo de nuncio en Irán. Se sintió obligado a aceptar esta asignación en enero de 1976.

«La idea de que Bugnini había sido denunciado al papa Pablo VI como francmasón se difundió lo suficiente para que, visiblemente con cierta reticencia, el propio Bugnini se sintiera obligado a negar su pertenencia a la francmasonería, no solo en privado sino también en público. Esto pareció confirmarse cuando una lista de supuestos miembros de «Propaganda Due», «P2», una famosa logia masónica italiana, apareció públicamente en 1981, con el nombre de Bugnini en esa lista.

La caída de Bugnini sigue siendo un misterio

«La caída de Bugnini sigue siendo un misterio que requiere explicaciones, y es en este vacío jurídico donde nació la famosa «historia de la maleta». Según esta versión, el destino de Bugnini habría sido sellado por el hecho de que habría olvidado una maleta en una sala de reuniones romana. Cuando la abrieron para descubrir la identidad de su propietario, encontraron documentos que lo implicaban como francmasón.

«Esta historia ha sido validada por varias personas, en privado y a veces en público, que afirmaban que provenía de personalidades irreprochables, que sin embargo deseaban permanecer en el anonimato. Dada la polarización de las opiniones sobre Annibale Bugnini, esta situación permitía tanto a sus amigos como a sus enemigos creer exactamente lo que deseaban.

«Kevin Symonds ha podido ahora rastrear la fuente de esta historia. El padre Brian Harrison, cuyo relato publicado en 1989 es autoridad en la materia, reveló a Symonds quién le transmitió la información y qué cardenal se hizo cargo de la maleta, entregándola primero a la policía para verificación, y luego al papa Pablo VI, amenazando con hacerla pública si este no daba seguimiento.

Detalles transforman el rumor sobre la pertenencia de Bugnini a la Francmasonería en una afirmación histórica seria

«No se trata de especulaciones: el padre Harrison se siente hoy en condiciones de revelar lo que oyó hace treinta años, puesto que los hombres implicados han fallecido.

«Ciertamente, estos nuevos detalles no establecen la pertenencia de Bugnini a la francmasonería de manera irrefutable, pero transforman un rumor inexplicado en una afirmación histórica seria.»

Un libro publicado en 2019, de Taylor Marshall, Infiltración: La conspiración para destruir la Iglesia desde el interior (Manchester, Nueva Hampshire: Sophia Institute Press, 2019), retrace la influencia de Annibale Bugnini en la reforma litúrgica montineana y la afirmación de su pertenencia a la francmasonería.

Así pues, de un Aníbal a otro, no fue ya Aníbal el Cartaginés y sus elefantes quienes hicieron temblar Roma, sino veintidós siglos más tarde, Aníbal el Masón y sus secuaces sectarios quienes despedazaron el Santo Sacrificio de la Misa.

Francesca de Villasmundo