Una gran solemnidad se ha levantado sobre el mundo: la Fiesta-Dios, así la llamaron nuestros padres, verdaderamente fiesta de Dios, pero también fiesta del hombre, siendo la fiesta de Cristo-mediador presente en la Hostia para dar Dios al hombre y el hombre a Dios. La unión divina es la aspiración de la humanidad; a esta aspiración, incluso aquí abajo, Dios ha respondido con una invención del cielo. El hombre celebra hoy esta divina maravilla. (Dom Prosper Guéranger)
Hagamos un breve histórico de esta hermosa Fiesta-Dios antaño tan popular…
La fiesta del Santísimo Sacramento data del siglo XIII. En una visión, la bienaventurada Juliana, priora del monasterio de Mont-Cornillon, cerca de Lieja, supo que Dios la encargaba de trabajar con todo su poder en el establecimiento de una fiesta en honor del Santísimo Sacramento. El papa Urbano IV la hizo obligatoria para la Iglesia entera en 1264 y el papa Juan XXII, en 1318, ordenó llevar la Eucaristía en procesión por las calles y los caminos.
Se hace una procesión solemne el día de la Fiesta-Dios para santificar y bendecir, por la presencia de Jesucristo, las calles y las casas de nuestras ciudades y pueblos.
Las procesiones del Santísimo Sacramento expuesto en la custodia no comenzaron antes de la institución de la Fiesta-Dios. Sin embargo, antes de esta época, existían procesiones en las cuales se transportaba el Santísimo Sacramento encerrado en un tabernáculo. No era el Santísimo Sacramento lo que se quería especialmente honrar, sino a Nuestro Señor considerado en algunas de las circunstancias de su vida terrena.
Así fue que, desde el siglo VII, en algunas iglesias, se llevaba el Santísimo Sacramento en la procesión destinada a honrar la entrada triunfal de Nuestro Señor en Jerusalén, el día de Ramos.
La bula del Papa Juan XXII, ordenando «llevar la Eucaristía en procesión en las calles y las plazas públicas», fue publicada en 1318; pero sin duda solo confirmaba una costumbre probablemente tan antigua como la Fiesta-Dios (1264).
Apenas estas procesiones fueron instituidas, la piedad de los fieles se esforzó en darles todo el esplendor posible. Es en medio de las calles y plazas ricamente adornadas con telas y guirnaldas que avanzaba el Santísimo Sacramento protegido bajo un dosel para subrayar aún más su presencia. Iba precedido de una larga fila de niños vestidos de blanco, que mecían los incensarios o arrojaban flores, mientras la multitud cantaba los beneficios de la Eucaristía.
Desafortunadamente, hoy en día, en muchas ciudades, con el pretexto de respetar la libertad de conciencia y no dificultar la circulación, Jesús-Hostia apenas puede salir de las iglesias.
El oficio del Santísimo Sacramento, compuesto por santo Tomás de Aquino, es una admirable exposición de la enseñanza católica sobre la Eucaristía.
Los himnos Sacris solemniis de Maitines, Verbum supernum de Laudes, Pange lingua de Vísperas y la prosa Lauda Sion, que se ha llamado el Credo del Santísimo Sacramento, son modelos por su profundidad de doctrina, su concisión llena de claridad y su simplicidad majestuosa.
Las melodías, también muy hermosas, existían ya antes de santo Tomás.
Para celebrar dignamente la Fiesta-Dios, los cristianos contribuyen al esplendor de las ceremonias, en la medida de su poder, ornando las calles por donde pasa el Santísimo Sacramento, asisten a la Misa y a la bendición del Santísimo Sacramento, y toman parte en la Procesión.
Introito: Cibavit eos
Esta fiesta comporta, además de la misa, la procesión solemne del Santísimo Sacramento en las calles, con cantos de himnos y cánticos, que ha valido a la fiesta su nombre popular de Fiesta Dios, pues se adora en ella el pan eucarístico bajo la apariencia del cual Dios se hace actualmente visible a nuestros ojos. Esta fiesta fue fijada al jueves que sigue al de la Santísima Trinidad, en recuerdo evidentemente del Jueves Santo y de la institución del sacramento de la Eucaristía. Pero en Francia desde el concordato de 1801 este jueves ya no es día festivo ni fiesta de obligación, y la solemnidad de la fiesta fue trasladada al domingo siguiente, suplantando así el segundo domingo después de Pentecostés. Se sabe que el oficio de esta fiesta, incluyendo la misa, fue compuesto enteramente por santo Tomás de Aquino. Para los cantos del propio de la misa retomó en el Introito y en el Gradual piezas existentes. Las otras, Aleluya, Ofertorio, Comunión son nuevas.
Para el Introito santo Tomás de Aquino retomó el del Lunes de Pentecostés, que nos recuerda que en los primeros siglos la fiesta de Pentecostés era una fiesta bautismal como la de Pascua; los cantos de las misas de la semana de Pentecostés, como los de la semana de Pascua, se dirigen especialmente a los nuevos bautizados, que son también primeros comulgantes. Por eso se trata en ellas de la Eucaristía que recibieron por primera vez. Este alimento espiritual es evocado aquí por un versículo del salmo 80, invitación a celebrar una gran fiesta para agradecer al Señor sus beneficios.
Cibavit eos ex adipe frumenti, et de petra melle saturavit eos.
Los alimentó con la flor del trigo, y los sació con miel de la peña.
La melodía es poco desarrollada, girando simplemente alrededor de algunas notas. Es dulce y tranquila con solo un acento más marcado sobre la palabra saturavit que evoca la felicidad de estar saciado. Este Introito va acompañado naturalmente del primer versículo del salmo 80.
Exsultate Deo adjutori nostro : jubilate Deo Jacob.
Exulten en Dios, nuestro auxilio; aclamen al Dios de Jacob.
Gradual: Oculi omnium
Como el Introito, este Gradual de la fiesta del Santísimo Sacramento es una pieza antigua que fue retomada para esta misa: el Gradual del vigésimo domingo después de Pentecostés. El texto está sacado del salmo 144, nuevamente un cántico de acción de gracias por todos los beneficios con que el Señor nos ha colmado, y en particular el alimento que nos concede cada día, nuestro pan cotidiano donde vemos hoy una figura de la Eucaristía.
Oculi omnium in te sperant, Domine, et tu das illis escam in tempore opportuno. Aperis tu manum tuam, et imples omne animal benedictione.
Los ojos de todos esperan en ti, Señor, y tú les das el alimento a su tiempo. Abres tu mano y satisfaces los deseos de todo ser viviente.
La palabra «animal» en latín designa todas las criaturas vivientes, y en primer lugar los hombres. La melodía, como es generalmente el caso en los Graduales, está hecha en gran parte de fórmulas que se encuentran en otras piezas, con grandes vocalises. Es en particular la misma que concluye la primera y la segunda parte. Esta melodía es amplia y entusiasta con subidas y bajadas bien equilibradas que abrazan toda la extensión de la octava.
Aleluya: Caro mea
El texto del Aleluya de la fiesta del Santísimo Sacramento está sacado del Evangelio de san Juan, en el discurso sobre el pan de vida.
Caro mea vere est cibus, et sanguis meus vere est potus : qui manducat meam carmen, et bibit meum sanguinem, in me manet, et ego in eo.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Si estas palabras de Cristo escandalizaron a sus oyentes hasta el punto de que muchos de ellos lo abandonaron, nos se han vuelto familiares y se pasan de comentarios. La melodía es la de un Aleluya existente al cual se adaptaron las nuevas palabras, pero de una manera bastante afortunada. Hay un contraste entre la melodía del Aleluya, que se desarrolla más en lo grave que en lo agudo, y la del versículo, que se mantiene por el contrario en lo alto con vuelos ligeros y entusiastas, para volver solo al final a la melodía del Aleluya y su profundidad.
Secuencia: Lauda Sion
El Aleluya de la fiesta del Santísimo Sacramento es seguido de una Secuencia, como en Pascua y Pentecostés, pero la de hoy es mucho más larga: es la célebre Lauda Sion. Después de una invitación a la alabanza, santo Tomás de Aquino procede a una exposición precisa y detallada de la fe católica concerniente a la Santísima Eucaristía, antes de terminar con una invocación a Cristo que se nos da como alimento para que nos conduzca al cielo.
Esta Secuencia se compone de veinticuatro estrofas cuyas melodías se repiten dos a dos (con una excepción: siete y ocho repiten cinco y seis); cada estrofa está formada por tres pequeños versos de ocho, ocho y siete pies, pero al final se amplían: a partir de la diecinueve, las estrofas tienen cuatro versos, tres de ocho y uno de siete pies, y las dos últimas tienen incluso cinco versos, cuatro de ocho y uno de siete pies. Como esta pieza es muy larga, no reproducimos aquí el texto latino, y solo damos su traducción:
Sión, alaba a tu Salvador, tu jefe y tu pastor con himnos y cánticos.
Atrévete tanto como puedas, pues él está por encima de toda alabanza, y no puedes bastar para alabarlo.
Hoy se propone un tema especial de alabanza: el pan viviente que da la vida.
Es este pan el que fue dado sin ambigüedad al grupo de los doce hermanos sobre la mesa de la Santa Cena.
Que tu alabanza sea plena, sonora y alegre, magnífica jubilación del alma.
He aquí el día solemne en que celebramos la primera institución de este banquete.
Esta mesa del nuevo Rey, la nueva Pascua de la nueva ley pone fin a la antigua práctica.
Lo nuevo sucede a lo antiguo, la verdad disipa la sombra, la luz disuelve la noche.
Lo que Cristo realizó en la Cena, ordenó hacerlo en memoria de Él.
Instruidos por esta institución sagrada, consagramos el pan y el vino en hostia para nuestra salvación.Es un dogma para los cristianos: el pan es transformado en carne y el vino en sangre.
Lo que no comprendes ni ves, una fe viva lo atestigua más allá del orden de las cosas.
Bajo apariencias cambiadas, solo por signos y no por realidades, se esconden cosas sublimes.La carne es un alimento y la sangre una bebida, pero Cristo permanece entero bajo cada especie.
No es quebrantado, ni roto, ni dividido por quien lo recibe, sino que es recibido todo entero.
Uno solo lo recibe, mil lo reciben, estos tanto como aquel, y es absorbido sin ser consumido.
Los buenos lo reciben, los malos lo reciben, pero ¡qué destino diferente! la vida o la muerte.
La muerte para los malos, la vida para los buenos: ve los efectos opuestos de una misma absorción.
Si el sacramento es dividido, no dudes, recuerda que se esconde tanto en una partícula como en la totalidad.Ninguna división de la cosa, solo el signo es roto: ni la naturaleza ni la grandeza de lo que es significado es disminuida.
Y aquí están las cuatro últimas estrofas que a menudo se cantan fuera de su contexto en el saludo del Santísimo Sacramento:
He aquí el pan de los Ángeles convertido en alimento de los viajeros, verdadero pan de los hijos que no debe ser arrojado a los perros.
Está designado en figura cuando Isaac es inmolado, el cordero pascual sacrificado, el maná dado a nuestros padres.
Buen pastor, pan verdadero, Jesús, ten piedad de nosotros, aliméntanos, protégenos, haz que veamos el bien soberano en la tierra de los vivientes
Vosotros que sabéis y podéis todo, que nos alimentáis aquí abajo, hacednos allá arriba comensales, coherederos y compañeros de los ciudadanos del cielo.
La melodía es enteramente silábica y de gran amplitud, subiendo muy alto y bajando muy bajo pero siempre muy afirmativa.
Ofertorio: Sacerdotes
Para el Ofertorio de la fiesta del Santísimo Sacramento, santo Tomás de Aquino eligió un pasaje del Levítico, libro del Antiguo Testamento en el cual Dios da leyes muy precisas y detalladas al pueblo de Israel; este pasaje concierne la santidad de los sacerdotes:
Sacerdotes Domini incensum et panes offerunt Deo, et ideo sancti erunt Deo suo et non polluent nomen ejus.
Los sacerdotes del Señor ofrecerán el incienso y los panes a Dios; por eso serán santos para su Dios y no profanarán su nombre.
Este texto nos recuerda que al instituir la Eucaristía, Cristo instituyó también el Sacerdocio, y que no puede haber Eucaristía sin sacerdocio.
La melodía, como es generalmente el caso en los Ofertorio, es calma y contemplativa, pero al mismo tiempo muy afirmativa. Se observarán los largos sostenidos sobre panem angelorum, las palabras mismas retomadas por santo Tomás de Aquino en la Secuencia Lauda Sion.
Comunión: Quotiescumque
Para la Comunión de la fiesta del Santísimo Sacramento, santo Tomás eligió un pasaje de la Epístola de san Pablo a los Corintios que se lee en la misa:
Quotiescumque manducabitis panem hunc et calicem bibetis, mortem Domini annutiabitis donec veniat ; itaque quicumque manducaverit panem vel biberit calicem Domini indigne reus erit corporis et sanguinis Domini.
Todas las veces que comáis este pan y bebáis de este cáliz, anunciaréis la muerte del Señor hasta que venga; por lo cual, todo aquel que comiere este pan o bebiere del cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor.
Desafortunadamente, como en el Ofertorio, la melodía fue copiada de la de la Comunión de Pentecostés, pero se adapta mucho menos: la melodía llena de movimiento que traducía maravillosamente la irrupción del Espíritu Santo en el Cenáculo se adapta muy mal a un texto didáctico, y además mucho más largo.