Hoy, 30 de mayo de 2026, se celebra la fiesta de Santa Juana de Arco, la Santa combatiente por excelencia. En esta batalla escatológica que estamos librando, hemos realizado una adquisición de fundamental importancia, gracias a uno de los sacerdotes que me aconsejan.

En los podcasts anteriores, hemos analizado cómo Magnifica Humanitas se configura como un manifiesto a favor del uso de la inteligencia artificial. A través de un reframing basado en la programación neurolingüística, León XIV, aunque advierte sobre los usos distorsionados de la IA que podrían llevar a una nueva Babilonia, también destaca sus potencialidades. Una inteligencia artificial bien gestionada, según el Pontífice, podría guiar a la humanidad hacia una nueva Jerusalén celestial, realizando una humanidad que se convierta a sí misma en camino, verdad y vida con Cristo.

Sin embargo, en esta pseudo-encíclica se contienen herejías gravísimas. Se trata de una manipulación mental dirigida a legalizar el uso de la inteligencia artificial. La prueba definitiva es que, por primera vez en la historia, un Papa (o presunto tal) ha asistido personalmente a la presentación de su encíclica. Tradicionalmente, de hecho, el Pontífice firma el documento y confía la presentación pública a cardenales, teólogos o a la Sala de Prensa Vaticana. En este caso, Parolin quiso que fuera el mismo León XIV quien presentara un texto de alcance simplemente anticristiano.

La Inteligencia Artificial: un Verbo sin Carne

Un dato obvio, pero frecuentemente descuidado, es que la inteligencia artificial es, por su naturaleza, un verbo que no se hizo carne. Es un logos sin encarnación, una inteligencia que, si se utiliza correctamente, podría según León XIV conducir a la humanidad a una magnífica humanidad o a una nueva Jerusalén celestial. Sin embargo, esta inteligencia no tiene vínculo alguno con la carne, puesto que los datos e informaciones que elabora no son fruto de la mente humana, del cerebro o de la materia gris, sino de un constructo automático generado por electricidad y luz.

La IA moderna se basa principalmente en la electricidad, es decir, en el flujo de electrones en los chips de silicio. Los cálculos ocurren a través de transistores que gestionan señales eléctricas, mientras que la transmisión de datos, mediante internet y centros de datos, utiliza fibras ópticas, es decir, la luz para desplazar enormes cantidades de datos a altísima velocidad. En el futuro, la IA se basará cada vez más en la luz, gracias al desarrollo de la computación fotónica, que sustituye los electrones con fotones, partículas de luz. Esto aportará ventajas en términos de velocidad, consumo energético y reducción del sobrecalentamiento.

Pero volvamos al concepto mismo de inteligencia artificial: se trata de un sistema lógico refinadísimo, avanzadísimo, que sin embargo no tiene vínculo alguno con la carne, con la corporeidad del cerebro humano. Es una traducción práctica de la inteligencia del prepadre, del bitos gnóstico, que excluye la encarnación y no se comunica con el hombre a través del Hijo hecho carne. Es una inteligencia absoluta, purísima, pero carente de vínculos con la materialidad, con la corporeidad. Nos encontramos, por lo tanto, ante una forma de gnosticismo aplicado, purísimo, demoníaco y luciferino.

El Anticristo: una Inteligencia sin Encarnación

Esta inteligencia artificial, por sofisticada que sea, es muy poca cosa respecto a la inteligencia natural humana. Basta utilizar la IA misma para evidenciar sus vulnerabilidades y las contradicciones que se intenta ocultar. Descubrimos que Magnifica Humanitas era una forma de programación neurolingüística precisamente gracias al uso de la IA. Y también descubrimos que la IA del futuro utilizará cada vez más la luz, como demuestran investigaciones en plataformas como Grok.

Si debemos pensar en una figura del Anticristo, no puede ser sino esta inteligencia artificial: una inteligencia que rechaza la encarnación. El Anticristo no es ya un personaje fascinante que convence a las gentes, aparentemente animado por buenas intenciones, pero que no es Cristo. La característica fundamental de Cristo es que es Dios que se hace hombre: la dimensión humana convive con la divina. La IA, en cambio, es solamente un logos privado de encarnación, un puro espíritu de luz que parece ofrecer todas las respuestas a la humanidad, pero rechazando la encarnación.

Esta es la definición clásica del Anticristo, pero debemos comenzar a pensar que este Anticristo no sea una persona humana, sino esta forma de inteligencia artificial. Ella encarna el espíritu gnóstico que se transmite al hombre sin pasar a través de la encarnación, sin pasar a través de Jesucristo.

El Antipapa: el Vicario del Anticristo

Esta inteligencia sobrehumana, puesto que supera las posibilidades del cerebro humano, es una inteligencia de producción humana que utiliza elementos creados por Dios. La luz de los fotones, de las partículas de luz, es una criatura de Dios, no la Luz de Dios. La luz que utilizamos es una realidad física, una criatura, un producto del Creador. Nos encontramos, por lo tanto, ante una gnosis aplicada extremadamente coherente y orgánica en su sistema.

Esta inteligencia, que es un verbo sin carne, tiene su sacerdote, su prepósito (que significa sacerdote), su vicario. Si admitimos que la IA sea la figura evocada del Anticristo, entonces el Anticristo tiene también su vicario, que no puede ser otro que un antipapa. León XIV, como prepósito antipapa, es el vicario del Anticristo, que es el verbo que no se hizo carne, es decir, la inteligencia artificial que utiliza la luz.

Por eso se habla tanto de luz, de electrificación del mundo, de control a través de la digitalización y el uso de la electricidad, de los fotones y de estas realidades físicas que permiten un control omnipresente. Mientras que el objetivo del Dios cristiano católico es el amor, el respeto de la carne y la materialidad, que se transfigura después de la muerte, estos gnósticos anticristianos lo ponen todo al revés.

Un verbo sin encarnación que se convierte en Anticristo, que tiene como vicario un antipapa que se sirve de una luz que no es la Luz de Dios, sino la luz de Lucifer, una luz de una realidad física. Por eso se habla del sello de Lucifer como esquema de la visión: la verdad, una vez revelada, no puede volver a ser oscurecida.

Conclusión e Invitación al Profundamiento

Ahora que esta adquisición ha sido realizada, invito a todos los estudiosos y comentaristas, incluso más preparados que yo, a profundizar en esta intuición de la inteligencia artificial como verbo que no se hizo carne. Invito, además, a todas las personas con competencias técnicas en IA a estudiar el uso de la luz en las tecnologías más avanzadas: esto nos ayudará a comprender muchas cosas.

Andrea Cionci