Hoy en día, en Europa, están reconvirtiendo diversas empresas, especialmente en Alemania, que producían manufacturas y/o servicios civiles, en otras tantas fábricas –pero en este caso iguales y contrarias– para la producción prevalentemente de uso militar.
Los vértices de tal sociedad actual, esquizofrénica, violenta y atea, después de haber tanto enarbolado su credo, denominado verde, e ilusionado a tanta gente, que acabó cayendo en sus trampas ideológicas, hoy han literalmente "inventado", de la nada, la emergencia defensiva contra un hipotético "invasor", que piensa en todo menos en ampliar sus propias fronteras, siendo éstas ya desmesuradmente amplias, ni tampoco es atraído por fuentes energéticas, teniendo la madre naturaleza tal país ya provisto de toda clase de materia energética, y siendo éstas aún muy lejos de ser plenamente investigadas y explotadas.
La ideología "verde" –y doy aquí un solo ejemplo, entre mil posibles– si por una parte obliga a que los tapones no se puedan quitar tan fácilmente de las botellas de plástico (y por tal hecho ya han recibido las maldiciones de millones de ciudadanos que las utilizan), por otra parte, en el bienio reciente 22/24, no se han hecho, viceversa, escrúpulo en contaminar el ambiente con algunos miles de millones de mascarillas, que hoy encontramos incluso en el fondo de los océanos…
Existe un libro, prácticamente desconocido para el gran público que, desde que salieron a la luz los llamados Epstein files, se ha revelado hoy de una actualidad sorprendente: La Elegida del Dragón, de Clotilde Bersone.
El hombre moderno (¡y también la mujer moderna!) siempre frunce la nariz ante las llamadas "teorías conspirativas", solamente que lo que ha trascendido de tales files supera con mucho toda imaginación más perversa y siniestra: por ejemplo, se comían a los niños… ¡sí, lo han leído correctamente! En diversos de estos rituales (a los que asistían muchos de los famosos, políticos y magnates que todos conocen bien), eran precisamente los niños, alimentariamente hablando, los que eran "consumidos" por los respectivos participantes en estos banquetes macabros.
Estas élites están inspiradas por Lucifer (el demonio portador de una "falsa luz"), y los casos recientes también de personas vinculadas al mundo hollywoodiense que deciden hablar no hacen sino confirmar la realidad aberrante de tales contextos…
Lucifer mantiene prisioneras no sólo a las víctimas, sino también a sus propios verdugos, a los mandantes, a los ideadores del mal: Lucifer no "privilegia" a nadie, pues quiere llevar consigo, en su reino de perdición, a todos aquellos que creen obtener de él dinero, éxito y sexo (que efectivamente logran obtener, y sin embargo por un tiempo muy limitado), porque finalmente satanás, indefectiblemente, viene a "cobrar la factura", pero una "factura" muy salada, la más exorbitante que se pueda concebir: las almas de aquellos que se han vendido y dedicado a su servicio…
Pero, al menos… ¡mientras hay vida hay esperanza! Y no crean que, si el mal obra ciertamente poderosamente, el Bien, a su vez, permanezca inmóvil y no obre, Él sí verdaderamente, omnipotentemente…
Pero ambos –entre los cuales existe una distancia infinita– respetan el libre albedrío de los hombres: ambos es decir (y estamos hablando a la manera humana) están pendientes de un SÍ y/o de un NO de las singulares almas…
Clotilde Bersone, es en efecto ella la "Elegida del Dragón", mientras que éste es el enorme Dragón rojo, de las siete cabezas, de memoria apocalíptica, es precisamente la protagonista de este particular relato, narrado en el texto en cuestión, que recorre, en breve tiempo, todas las etapas de la maldad humana, volviéndose insuperable en el engaño, en la venganza y en el odio… Sin embargo, en medio de tal abismo, Clotilde ha sabido mantener intacta su "honestidad mental", un discernimiento que nunca la abandona, incluso en los momentos más oscuros y en las situaciones más comprometedoras, y precisamente tal discernimiento será el que le hará reflexionar cómo el "poderoso" –el Dragón precisamente– en realidad "teme" a Otro más poderoso que él, y es precisamente ese Crucifijo que, en forma de manufactura es ultrajado, vilipendiado y ofendido de mil maneras, durante aquellas fiestas orgiásticas y demoníacas… pero el verdadero Crucifijo no es de madera, ni de marfil ni de ningún otro material, viceversa Él es real, es concreto, en una palabra, está vivo… ¡Él es el Resucitado!
Él es el Poderoso por antonomasia, ante quien cada ser "en los cielos, en la tierra y en los infiernos" debe inclinarse, y reconocer "¡la gloria, el honor y –precisamente– la potencia!"
El Señor Jesús pues, nunca se olvidó de Clotilde (aunque ella, y todos nosotros juntos, nos hemos olvidado y continuamos olvidándonos de Él), pero Él siempre obra juntamente con su Madre, que Bersone encontrará entre los brazos acogedores y maternales de la madre abadesa de un convento de monjas, que la acogerá y la sostendrá, la conducirá por el camino del bien…
Clotilde es verdaderamente conmovedora cuando, al final de su vida terrena, dice humildemente: «Dígnese el Señor Jesús perdonar a la miserable que yo fui. Temblando ante su justicia, y también ante su misericordia, oso apelarme a su gloria, que el Dragón se esfuerza en vano por usurpar en el mundo y en las almas. Que me arranque finalmente, enteramente y para siempre a la Bestia y quiera hacer a su vez de la orgullosa Soberana Maestra Inspirada de antaño la más humilde de sus Elegidas.»
El manuscrito, autógrafo y autobiográfico, de Clotilde Bersone, del cual se extrae el presente libro, aunque haya sido escrito hace aproximadamente 140 años, es sin embargo de una actualidad sorprendente: la masonería internacional –que yo en el título he llamado "É"– no ha cambiado ni método ni principios, es en efecto aquella "quinta columna" que actúa en la sombra y, "favorecida por las tinieblas", condiciona y manipula instituciones, organismos, familias, modos de pensar, de hablar y de actuar de la sociedad civil…
Sin embargo, tales "tinieblas", aunque poderosas y penetrantes, no prevalecerán, por mucho que sean tan lúgubres y densas, pues no lograrán ni siquiera apagar una sola vela encendida en la oscuridad, ni tampoco podrán desplazar un solo escollo, en medio de oleajes y marejadas, que permanece inamovible, orante, convencido…
El Amor siempre vence (¡pero a su manera!): es Él el victorioso en esta "guerra" por la posesión de la humanidad, aunque se pueda notar cómo el mal parezca prevalecer en tal o cual batalla… Pero lo que realmente cuenta es ganar la guerra, y Él ya la ha ganado: Sólo Él el Viviente, la Luz, el Amor…
Hemos hecho nuevamente disponible, a los Lectores interesados, el libro La Elegida del Dragón de Clotilde Bersone (aquí), porque muchas personas logren entender qué está realmente sucediendo en la actualidad, y cuál sea la apuesta en juego, además de comprender que, más allá de las "piezas humanas", haya en realidad en la escena de este mundo, también y sobre todo muchos otros actores, pues "nuestra batalla en efecto no es contra criaturas hechas de sangre y carne, sino contra los Principados y las Potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en las regiones celestiales." (san Pablo).
"No se turbe, pues, vuestro corazón", porque he aquí: "el Señor está por retornar, y el Espíritu y la esposa dicen: «¡Ven!». Y Él así responde: «Sí, vendré pronto!». Amén. ¡Ven, Señor Jesús!"
Sergio Russo